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Yendo a aguas más profundas

Salmo 107: 1-43

LIBRO V

107 Den gracias al Señor, porque él es bueno;
    su gran amor perdura para siempre.
Que lo digan los redimidos del Señor,
    a quienes redimió del poder del adversario,
a quienes reunió de todos los países,
    de oriente y de occidente, del norte y del sur.[a]

Vagaban perdidos por parajes desiertos,
    sin dar con el camino a una ciudad habitable.
Hambrientos y sedientos,
    la vida se les iba consumiendo.
En su angustia clamaron al Señor,
    y él los libró de su aflicción.
Los llevó por el camino recto
    hasta llegar a una ciudad habitable.

¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
    por sus maravillas en favor de los hombres!
¡Él apaga la sed del sediento,
    y sacia con lo mejor al hambriento!

10 Afligidos y encadenados,
    habitaban en las más densas tinieblas
11 por haberse rebelado contra las palabras de Dios,
    por menospreciar los designios del Altísimo.
12 Los sometió[b] a trabajos forzados;
    tropezaban, y no había quien los ayudara.
13 En su angustia clamaron al Señor,
    y él los salvó de su aflicción.
14 Los sacó de las sombras tenebrosas
    y rompió en pedazos sus cadenas.

15 ¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
    por sus maravillas en favor de los hombres!
16 ¡Él hace añicos las puertas de bronce
    y rompe en mil pedazos las barras de hierro!

17 Trastornados por su rebeldía,
    afligidos por su iniquidad,
18 todo alimento les causaba asco.
    ¡Llegaron a las puertas mismas de la muerte!
19 En su angustia clamaron al Señor,
    y él los salvó de su aflicción.
20 Envió su palabra para sanarlos,
    y así los rescató del sepulcro.

21 ¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
    por sus maravillas en favor de los hombres!
22 ¡Que ofrezcan sacrificios de gratitud,
    y jubilosos proclamen sus obras!

23 Se hicieron a la mar en sus barcos;
    para comerciar surcaron las muchas aguas.
24 Allí, en las aguas profundas,
    vieron las obras del Señor y sus maravillas.
25 Habló Dios, y se desató un fuerte viento
    que tanto encrespó las olas
26 que subían a los cielos y bajaban al abismo.
    Ante el peligro, ellos perdieron el coraje.
27 Como ebrios tropezaban, se tambaleaban;
    de nada les valía toda su pericia.
28 En su angustia clamaron al Señor,
    y él los sacó de su aflicción.
29 Cambió la tempestad en suave brisa:
    se sosegaron las olas del mar.
30 Ante esa calma se alegraron,
    y Dios los llevó al puerto anhelado.

31 ¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
    por sus maravillas en favor de los hombres!
32 ¡Que lo exalten en la asamblea del pueblo!
    ¡Que lo alaben en el consejo de los ancianos!

33 Dios convirtió los ríos en desiertos,
    los manantiales en tierra seca,
34 los fértiles terrenos en tierra salitrosa,
    por la maldad de sus habitantes.
35 Convirtió el desierto en fuentes de agua,
    la tierra seca en manantiales;
36 hizo habitar allí a los hambrientos,
    y ellos fundaron una ciudad habitable.
37 Sembraron campos, plantaron viñedos,
    obtuvieron abundantes cosechas.
38 Dios los bendijo y se multiplicaron,
    y no dejó que menguaran sus rebaños.

39 Pero, si merman y son humillados,
    es por la opresión, la maldad y la aflicción.
40 Dios desdeña a los nobles
    y los hace vagar por desiertos sin senderos.
41 Pero a los necesitados los saca de su miseria,
    y hace que sus familias crezcan como rebaños.
42 Los rectos lo verán y se alegrarán,
    pero todos los impíos serán acallados.

43 Quien sea sabio, que considere estas cosas
    y entienda bien el gran amor del Señor.

Este texto habla de negociar en aguas profundas. En estas vidas nos encontramos cansados de la rutina y muchas veces nos encontramos que no hacemos cosas que alegren al corazón de Dios.

Pero, ¿quiénes son estos que negocian en aguas profundas?

¡Son aquello valientes que confían en el Señor! Son los abridores de camino, aquellos que miran más allá de lo real.

Cuando el Señor venga en gloria, el Señor no nos debe encontrarnos negociando en una bañera, yo quiero que Él me encuentre negociando en aguas profundas. Porque en las aguas profundas nosotros descubrimos tesoros.

Cuando nosotros negociamos en aguas profundas pasamos a hacer un a gran obra. Pero sólo los valientes van a aguas profundas.

Luego nos viene las siguiente pregunta, ¿por qué tenemos que negociar en aguas profundas?

Esto es así porque cuando vamos a aguas profundas sacamos del infierno a una multitud de vidas que están en el infierno. Nuestra comisión está en rescatar a muchas personas que se encuentran aprisionadas en el infierno.

Los motivos por el cual el Señor nos lleva a aguas profundas:

1- El propósito por el cual Dios nos lleva a negociar en aguas profundas es para sacar a las personas que están aprisionadas.

2- En las aguas profundas recibimos autoridad y recursos para sacar a los que están atados en los infiernos.

Estamos entrando en una etapa de productividad, no solo para ti, sino para tu familia y para la Iglesia. ¡Es un tiempo profético! Pero necesitamos estar en aguas profundas, debemos tener bases fuertes. Éstas tan sólo la podemos conseguir en la Palabra. Necesitamos escudriñar la Palabra como nunca hicimos antes.

Necesitamos estar fundamentados en la Palabra. Por un lado debemos conocer la Palabra Logos, la palabra que está escrita. Sin embargo, debemos ir más allá y conocer a la Palabra Rhema, que son los tesoros que están escondidos.

En las aguas profundas Dios está buscando a hombres y mujeres que estén dispuestos a moverse de la playa e irse a lugares más profundos.

Para ir a estos lugares más profundos debemos tener en cuenta que debemos liberarnos de cualquier atadura o cualquier cosa que nos mantiene en la playa e ir a lo más profundo.

Jesús es nuestro abridor de camino, es nuestro modelo a seguir. Y lo hizo a causa de cada uno de nosotros. Debemos ir a aguas profundas porque en las aguas profundas, aún en medio a las tormentas Dios nos conecta con lo que Él quiere hacer en ésta generación.

¡DIOS CONTINÚA HACIENDO SUS MARAVILLAS!

¡ATRÉVETE A IR A AGUAS MÁS PROFUNDAS!

Pr. Meriño Campos

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