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La obra de Dios con Juan

Lectura: Lucas 3:1-17

“3  En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,

y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados,

como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice:
    Voz del que clama en el desierto:
    Preparad el camino del Señor;
    Enderezad sus sendas.

Todo valle se rellenará,
Y se bajará todo monte y collado;
Los caminos torcidos serán enderezados,
Y los caminos ásperos allanados;

Y verá toda carne la salvación de Dios.

Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: !!Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.

10 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos?

11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.

12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?

13 Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.

14 También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

15 Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo,

16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.”

 

La iglesia no es ella que tiene la luz sobre ella, no es ella que es la luz, la luz es el Señor Jesucristo y la misión de la iglesia es anunciar sus buenas noticias. En este texto podemos algo muy poderoso: Juan estaba predicando en el desierto. A Lucas, que era médico, podemos ver que le gustaba contar cada detalle de lo que ocurría y él se detuvo a explicar cómo vivió Juan el Bautista.

Cuando Lucas empieza a contar la realidad de aquel momento, él empieza a destacar aquellos que tenían autoridades terrenales. En los versículos 1 y 2 podemos ver claramente como él destaca con importancia a cada uno de los líderes de aquella época. Por otro lado, él también presentaba a los líderes religiosos.

Se solía pensar que la palabra de Dios se revelaba a los mayores líderes de aquella época. Pero no es así, la revelación de Dios se reveló a Juan. Porque Dios no entrega perlas a quiénes son arrogantes, a quienes creen que pueden y saben todo. Él se reveló a aquellos que tienen un corazón rendido a él. Por eso la salvación llega a personas que tienen un corazón humilde y reconocen que sin Jesús no pueden hacer nada.

¡LA REVELACIÓN TAMBIÉN ES PARA TI!

La revelación de la palabra nos desata, abre nuestros ojos y cuando la revelación viene de Dios no hay nada en la tierra que pueda pararnos.

Nosotros somos como una lámpara: no tenemos luz propia.

Jesús dijo: “YO soy la luz del mundo.” Y también dijo “Vosotros sois la luz del mundo” y nuestra responsabilidad es alumbrar el mundo y la vida de aquellos que nos rodean. PERO, no tenemos luz propia. Si no estamos enchufados en JESÚS que es la luz, no podremos alumbrar. Cuando estamos unidos al Señor Jesús nuestra vida empieza a brillar. Juan el Bautista estaba conectado con Jesús; la conexión era una conexión espiritual.

Si estás cerca de alguien que está lleno del Espíritu Santo, enseguida lo notas. Y así debe ser con nosotros, si estamos conectados a la fuente bendeciremos a otros y recibiremos la revelación que está en Él.

 

  • El Reino de Dios fue marcado por un mensaje. Juan el Bautista cuando empezó a predicar, empezó a hablar sobre arrepentimiento. El arrepentimiento significa cambiar tu manera de pensar, un cambio de mentalidad. Cuando eso sucede, cambias tu manera de actuar. El arrepentimiento es fundamental para que la gracia de Dios nos alcance y Juan era muy claro en lo que decía: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto”

 

La voz no era de Juan. El sonido salía de él pero la fuente era Jesús. Y Juan entendía muy bien eso y reconocía no ser digno de ni siquiera desatar las sandalias de Jesús. Él dijo: “Yo los bautizo a ustedes con agua. Pero está por llegar uno más poderoso que yo, a quien ni siquiera merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.”

 

Él se refiere a que TODO lo que necesitamos está en Jesús. De Él viene lo mejor para nuestras vidas. Cuando la palabra de Dios entra en nuestras vidas, nuestro ser cambia y eso es lo que quiera que acontezca con todos en esta tierra.

Que esta palabra haga mella en tu vida, y que Dios empiece a obrar en ella de manera sobrenatural.

Dios te bendiga.

Pr. Meriño Campos.

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